Como bien sabemos, los escritos de Larra se basaban, principalmente, en hacer una crítica hacia la sociedad española del momento. Un ejemplo es el texto que comentaré, con el título El castellano viejo.
El tema principal del texto sería la crítica que hace hacia Braulio, una amistad con quien se encuentra un dia por casualidad mientras paseaba por las calles de Madrid. Este texto se puede dividir en dos partes, la primera seria en la que se cruza con Braulio, y la segunda el dia de la comida, con sus respectivas anécdotas que mencionaré más adelante.
En este texto, Larra empieza explicándonos su accidental encuentro con un viejo amigo, Braulio, quien se define como un cristiano viejo, dicho encuentro sucede de la siguiente manera:
"... pocos encontrones que al volver las esquinas di con quien tan distraída y rápidamente como yo las doblaba, me hicieron conocer que los distraídos no entran en el número de los cuerpos elásticos, y mucho menos de los seres gloriosos e impasibles. En semejante situación de mi espíritu, ¿qué sensación no debería producirme una horrible palmada que una gran mano, pegada a un grandísimo [...] brazo, vino a descargar sobre uno de mis hombros, que por desgracia no tienen punto alguno de semejanza con los de Atlante. [...]
No queriendo dar a entender que desconocía este enérgico modo de anunciarse, ni desairar el agasajo de quien sin duda había creído hacérmele más que mediano, dejándome torcido para todo el día, traté sólo de volverme por conocer quien fuese tan mi amigo para tratarme tan mal; pero mi castellano viejo es hombre que cuando está de gracias no se ha de dejar ninguna en el tintero. [...] Echóme las manos a los ojos y sujetándome por detrás: -¿Quién soy?-, gritaba, alborozado con el buen éxito de su delicada travesura. -¿Quién soy?- -Un animal [irracional]-, iba a responderle; pero me acordé de repente de quién podría ser, y sustituyendo cantidades iguales: -Braulio eres-, le dije...."
El gran amigo de Larra le invita a comer a su casa: "ya sabes que yo soy franco y castellano viejo: el pan pan y el vino vino; por consiguiente exijo de ti que no vayas a dármelos; pero estás convidado."
Una vez separados los amigos, Larra se queda pensativo y reflexiona sobre su encuentro con Braulio, lo describe, como un castellano viejo que se hace llamar, como no, haciendo una excelente crítica. "Como tiene trocados todos los frenos, dice de los cumplimientos que ya sabe lo que quiere decir cumplo y miento ; llama a la urbanidad hipocresía, y a la decencia monadas; a toda cosa buena le aplica un mal apodo; el lenguaje de la finura es para él poco más que griego; cree que toda la crianza está reducida a decir Dios guarde a ustedes al entrar en una sala, y añadir con permiso de usted cada vez que se mueve; a preguntar a cada uno por toda su familia, y a despedirse de todo el mundo; cosas todas que así se guardará él de olvidarlas como de tener pacto con franceses."
Llegado el dia de la comida, Larra llega a casa de Braulio y se encuentra con un gran barullo de gente, que poco a poco se va, y de la que solo quedan catorce personas para comer, son las cuatro y aún no han comido... comeremos enseguida dijo la mujer de Braulio. Las cinco eran cuando nos sentábamos a la mesa, reflexiona Larra en el texto. Sentados todos a una mesa en la que ocho personas comen incómodas, comían catorce ese mismo dia. Larra entre un niño que hacía saltar las aceitunas al cogerlas y entre un hombre gordo que "había tenido la precaución de ir dejando en el mantel, al lado de mi pan, los huesos de las suyas, y los de las aves que había roído". Sin olvidar al convidado que estaba delante suyo, que llevó a cabo la siguiente escena:
"...el convidado de enfrente, que se preciaba de trinchador, se había encargado de hacer la autopsia de un capón, o seo gallo, que esto nunca se supo; fuese por la edad avanzada de la víctima, fuese por los ningunos conocimientos anatómicos del victimario, jamás parecieron las coyunturas. [...] En una de las embestidas resbaló el tenedor sobre el animal como si tuviera escama, y el capón, violentamente despedido, pareció querer tomar su vuelo como en sus tiempos más felices, y se posó en el mantel tranquilamente como pudiera en un palo de un gallinero. El susto fue general y la alarma llegó a su colmo cuando un surtidor de caldo, impulsado por el animal furioso, saltó a inundar mi limpísima camisa[...]"
Más desgracias ocurrieron el famoso dia de la comida entre otras está la de la mujer con dentadura de color muy semejante al tizón, que le ofreció comida de su plato con su tenedor, y, más tarde el barullo que le reclama unos versos.
Acabado este peculiar dia, Larra llega a casa, se cambia de ropa, y acaba su crítica concluyendo con las siguientes palabras:
"Vístome y vuelo a olvidar tan funesto día entre el corto número de gentes que piensan, que viven sujetas al provechoso yugo de una buena educación libre y desembarazada, y que fingen acaso estimarse y respetarse mutuamente para no incomodarse, al paso que las otras hacen ostentación de incomodarse, y se ofenden y se maltratan, queriéndose y estimándose tal vez verdaderamente."
En este texto la ironía está presente en casi todo momento, vemos que el narrador es el mismo Larra, que nos explica su vivencia, y a quien los demás llaman Fígaro, así se hace llamar él en sus artículos.
El lugar y el tiempo son, respectivamente, una casa llena de gente "muy educada" y una tarde a la hora de comer (aquí la hora de comer son las cinco).
Pienso que Larra refleja de una forma extraordinaria los pocos escrúpulos que puede llegar a tener la sociedad, como que te ofrezcan comida de un plato ajeno (y también de tenedor) sin apenas conocerte, hacer que un pollo que está hecho para comérselo acabe volando y manchandote la camisa, o bien que el hombre que se sienta a tu lado deje al lado de tu trozo de pan los restos óseos del pollo... cosas, irónicamente hablando, de esta sociedad que ella misma considera que están bien hecha